Escrito por Carlos A. Ycaza
Me acerqué a Vincere (Vencer) con el desagrado que me invade en las obras dedicadas a nefastas figuras de la historia. En esos escenarios es fácil caer en la redundancia y el facilismo, porque la representación del mal muchas veces se queda en lo obvio y peor si se trata de personajes icónicos ya conocidos. El gancho era el director Marco Bellocchio, uno de esos niños terribles del cine italiano en los años sesenta, cuando su película Los puños en los bolsillos (1965) estremeció los cerebros del público internacional con su reverberante dramatización de una familia disfuncional antes de que esa palabra se usara, especialmente cuando las aberraciones se daban en círculos católicos.