Dom - 04 Jul
Escrito por Clara Medina
Todo es bien extraño, me dijo con voz pausada. Estábamos en un hotel de Quito, la ciudad a la que él había llegado la noche anterior. Eran las dos de la tarde. Afuera caía una fuerte lluvia y el frío helaba los huesos. La frase la pronunció luego de casi una hora de diálogo. Carlos Monsiváis conversaba de manera serena, pero sin pausa. Su piel mulata contrastaba con su cabello blanco, un tanto alborotado, que parecía el de alguien recién levantado de la siesta.